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A nivel nacional, la pesquería de pota es la segunda más importante del país después de la anchoveta
La pota no desaparece necesariamente: cambia de profundidad, ubicación y costo de captura
PERÚ
Friday, July 17, 2026, 05:00 (GMT + 9)
El calentamiento del Pacífico está alterando el comportamiento del calamar gigante peruano, pero los datos oficiales muestran que la pesquería sigue registrando capturas elevadas. El desafío para la flota no parece ser la escasez del recurso, sino dónde encontrarlo y cuánto cuesta capturarlo.
Cada episodio de El Niño suele ir acompañado del mismo pronóstico: el calamar desaparecerá de las costas peruanas. Sin embargo, la realidad que comienza a dibujarse en 2026 es bastante más compleja.
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Pescador artesanal peruano. Foto: Stockfile/FIS -->
Las anomalías térmicas del Pacífico están modificando la distribución del calamar gigante (Dosidicus gigas), conocido comercialmente como pota, obligando a las embarcaciones a adaptarse a nuevas zonas y profundidades de pesca. Pero, al menos por ahora, los datos oficiales no respaldan un colapso de la pesquería.
Al contrario.
El Ministerio de la Producción (PRODUCE) elevó a comienzos de julio el límite máximo anual de captura desde 539.230 hasta 589.230 toneladas, después de que la flota hubiese capturado ya el 95,4 % de la cuota inicialmente autorizada. La decisión se adoptó tras la recomendación científica del Instituto del Mar del Perú (IMARPE), que concluyó que existía disponibilidad suficiente del recurso para ampliar la campaña.
Más difícil de encontrar no significa menos abundante
Diversos investigadores han advertido que el calentamiento del océano puede desplazar la pota hacia aguas más profundas o modificar sus rutas habituales de alimentación y reproducción. Ese comportamiento obliga a la flota artesanal a invertir más tiempo y combustible para localizar los bancos.
La diferencia es importante.
Una reducción en las capturas diarias puede deberse a que el recurso se ha desplazado, no necesariamente a que exista menos biomasa. Desde el punto de vista comercial, ambos escenarios generan costes adicionales, pero biológicamente representan situaciones muy distintas.

Las mediciones satelitales muestran un fuerte aumento de la temperatura superficial del mar en el océano Pacífico tropical durante los últimos meses, una de las señales más claras de que el fenómeno climático El Niño está regresando. La imagen destaca las anomalías de temperatura registradas entre el 1 y el 7 de junio de 2026 en comparación con la media del periodo 1991-2020, evidenciando el calentamiento de amplias zonas del Pacífico. Credit: ESA / NASA
Es precisamente esa diferencia la que explica por qué algunos pescadores describen campañas más difíciles mientras las estadísticas nacionales continúan mostrando desembarques elevados.
El verdadero indicador ya no es la captura
Durante años, el volumen desembarcado fue el principal termómetro para evaluar la evolución de la pesquería.
Con un océano cada vez más variable, ese indicador resulta insuficiente.
Expertos consultados por distintos estudios consideran que será cada vez más importante seguir parámetros como la captura por unidad de esfuerzo (CPUE), la distancia recorrida por las embarcaciones, la duración de las mareas, el consumo de combustible o la profundidad a la que se localiza el recurso.

Buque potero chino en el Pacifico. Foto: Stockfile/FIS
En otras palabras, la pregunta deja de ser únicamente cuánto calamar llega al puerto. También importa cuánto cuesta capturarlo.
Ese cambio puede afectar directamente a la rentabilidad de la flota, incluso si la producción total permanece estable.
Una pesquería que seguirá bajo vigilancia
El comportamiento de la pota durante la segunda mitad del año dependerá de la evolución de El Niño y de la respuesta del recurso a las condiciones oceanográficas.
Por el momento, la ampliación de la cuota por parte de PRODUCE indica que las autoridades científicas no observan una caída que justifique restringir la actividad. Sin embargo, ello no elimina la incertidumbre sobre la distribución futura del calamar ni sobre los costes que deberá asumir la flota para mantener los niveles actuales de captura.

Buque potero chino en el Pacifico. Foto: Stockfile/FIS
Para exportadores y procesadores, el mensaje también es claro: el riesgo inmediato no parece ser la falta de materia prima, sino una posible presión sobre los costes de producción si las embarcaciones necesitan recorrer mayores distancias o permanecer más tiempo en el mar.
La historia de la pota en 2026, por tanto, no es la desaparición del recurso. Es la adaptación de toda una pesquería a un océano que está cambiando más rápido de lo habitual.
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