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La colaboración internacional abierta es indispensable para comprender y proteger el océano
¿Está Trump socavando una de las colaboraciones científicas más importantes del mundo?
NORUEGA
Wednesday, January 21, 2026, 06:00 (GMT + 9)
Los recortes presupuestarios previstos en EE. UU. amenazan el programa de observación oceánica Argo, una piedra angular de la investigación climática y de la predicción meteorológica global.
Una red silenciosa de aproximadamente 4.000 boyas autónomas Argo deriva por los océanos del mundo y mide de forma continua la temperatura, la salinidad, la presión, el oxígeno y la vida marina muy por debajo de la superficie. En conjunto, constituyen la columna vertebral de la ciencia oceánica y climática moderna. Ahora, este sistema está en riesgo.
Según datos de diciembre de 2025, Estados Unidos es propietario de 2.283 de las 4.162 boyas Argo activas, lo que lo convierte, con diferencia, en el mayor contribuyente individual al programa. Sin embargo, ha surgido incertidumbre después de que Donald Trump, de nuevo en el centro del panorama político, haya señalado importantes recortes en la financiación estadounidense de la investigación climática y oceánica previstos para 2026. Si se aplican, estas reducciones podrían debilitar gravemente una de las colaboraciones científicas internacionales más exitosas del mundo.

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Un sistema global vital en peligro
El programa Argo es considerado ampliamente como la mejor —y en muchos casos la única— herramienta para la monitorización continua del océano global. Las boyas operan de forma autónoma, descendiendo hasta profundidades de 2.000 metros, y en versiones más recientes hasta 6.000 metros, antes de salir a la superficie y transmitir datos vía satélite casi en tiempo real. Todos los datos están disponibles de forma abierta para investigadores de todo el mundo.
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“La investigación climática antes y después de Argo son dos mundos completamente distintos”, afirman Nils Gunnar Kvamstø y Kjell Arne Mork, del Instituto Noruego de Investigación Marina (Havforskningsinstituttet). Durante los últimos 25 años, Argo ha transformado nuestra comprensión de cómo el océano responde al cambio climático y lo impulsa.
Sin Argo, los científicos no sabrían:
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Con qué rapidez se está calentando el océano como consecuencia del cambio climático.
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Cuánto contribuye el calentamiento del océano profundo a la subida del nivel del mar, ya que el agua más caliente se expande.
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Que el océano ha absorbido alrededor del 90 % del exceso de calor causado por la actividad humana.
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Si los modelos climáticos y oceánicos describen correctamente las corrientes y los cambios a largo plazo.
Hasta la fecha, se han publicado más de 6.000 artículos científicos basados en datos de Argo.
Por qué la monitorización oceánica es crucial
Lo que está en juego es enorme. El océano:
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Produce alrededor de la mitad del oxígeno que respiramos.
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Es el mayor reservorio de CO₂ del planeta.
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Actúa como el termostato de la Tierra, redistribuyendo el calor mediante las corrientes oceánicas.
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Es clave para la producción sostenible de alimentos en el futuro.

Foto: Ifremer (Francia)
En otras palabras: si el océano sufre, la humanidad sufre.
La importancia de los datos de Argo va mucho más allá del ámbito académico. El Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Medio Plazo (ECMWF) depende de forma sistemática de las observaciones de Argo, especialmente para las predicciones estacionales y a largo plazo, que han mejorado notablemente desde que se incorporaron los datos oceánicos. En Noruega, el Instituto Meteorológico utiliza datos de Argo a diario en sus modelos de alerta oceánica, mientras que en Estados Unidos y el Caribe el sistema es esencial para la alerta temprana de tormentas tropicales y tornados.
Consecuencias directas para Noruega
Para Noruega, una posible retirada de Estados Unidos tendría consecuencias inmediatas. El país no dispone de alternativas viables a Argo para recopilar datos en zonas oceánicas duras y remotas que son estratégicamente importantes para sus intereses nacionales

A través de NorArgo, Noruega opera entre 30 y 40 boyas en el mar de Barents, el mar de Noruega y el mar de Groenlandia, regiones donde el cambio climático avanza especialmente rápido. En estas aguas se absorbe más CO₂ y la acidificación del océano progresa más rápido que en otras zonas del mundo.
Actualmente, los socios europeos financian alrededor de la mitad de las boyas en estas áreas. Si Estados Unidos reduce su aportación, los países europeos podrían priorizar otras regiones para cubrir los vacíos dejados por los estadounidenses, dejando potencialmente desatendidas zonas clave del norte.
Una cuestión de financiación y responsabilidad
A nivel global, el programa Argo cuesta alrededor de 400 millones de coronas noruegas al año. Cada boya tiene una vida útil de unos cinco años y cuesta entre 300.000 y 1,5 millones de coronas, dependiendo de su nivel tecnológico.
La contribución noruega se financia a través del programa de infraestructuras de investigación del Consejo de Investigación de Noruega, pero este apoyo solo está garantizado hasta 2026. Después de esa fecha, NorArgo tendrá que competir con muchas otras prioridades por fondos limitados.
El primer mandato presidencial de Trump dejó claro que los aliados de Estados Unidos debían asumir una mayor responsabilidad en su preparación en materia de defensa. Ahora, la misma lógica se aplica a la ciencia. Si Estados Unidos da un paso atrás, otras naciones oceánicas deben estar dispuestas a asumir una mayor parte del coste real de mantener infraestructuras científicas globales esenciales.

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Un llamamiento urgente a la cooperación internacional
La cooperación abierta e internacional es indispensable para comprender y proteger el océano. Pero la apertura por sí sola no basta. Como sostienen Kvamstø y Mork, las naciones oceánicas responsables también deben estar dispuestas a financiar aquello de lo que dependen.
En un momento en que el cambio climático se acelera y el papel del océano nunca ha sido tan crucial, debilitar el programa Argo sería un error costoso, uno que el mundo no puede permitirse.
Fuent/Autores: Nils Gunnar Kvamstø and Kjell Arne Mork/Norwegian Institute of Marine Research (Havforskningsinstituttet) basado en una historia de Khrono.
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